Desde el Puente de Carlos hasta el Reloj Astronómico y la Plaza de Wenceslao, la capital de la República Checa ofrece lugares legendarios para conocer.

Uno puede viajar solo en Praga. Claro que, a su alrededor, esa definición es relativa. El puente de Carlos resulta uno de los lugares más plagados de gente en Praga. Hay músicos, turistas que se sacan fotos entre sus 30 estatuas y un ritmo relajado para atravesar el río Moldaba y tener una vista increíble de la Praga clásica. Este puente fue el único medio que unió las dos partes de la ciudad hasta el siglo XIX. La hermosa capital de la República Checa también invita a sumergirse en el universo kafkiano, visitar la casa del escritor y sentir el encierro de sensaciones literarias en el barrio judío.

Praga tiene fama de ser una de las ciudades más bellas del mundo, y lo es. Su centro histórico reluce con sus casa bajas, los colores de las fachadas y las callejuelas de adoquines, donde los estilos góticos, rococó y barrocos conviven en armonía estética.

Un poco más allá están la Plaza del Ayuntamiento y la torre del edificio, con el mítico reloj astronómico que desde hace 600 años celebra cada hora con un desfile de estatuas de los 12 apóstoles y la representación mecánica del tiempo. Un verdadero símbolo de la metrópoli y spot turístico por excelencia. Esta plaza, junto con los bares y las calles ondulantes del centro más antiguo, son un lugar ideal para enamorarse.

La antigua capital del Reino de Bohemia, la Ciudad Dorada o la de las cien torres conserva el castillo – hoy museo – sobre una colina con miradores hacia toda la ciudad. Allí, además de sentir la fuerza histórica de la capital checa, se vive el arte clásico europeo en una galería de altísimo nivel con obras de Rubens, Tintoretto o Tiziano. En el interior de los muros del castillo, la Catedral de San Vito y los jardines invitan a pasear durante, al menos, una mañana. Afuera, el Monasterio San Jorge del siglo X es otra visita recomendada para los amantes de la historia medieval.

Y Praga tiene una pujante vida cultural moderna y una agitada noche. Para los que se animan a los pubs, es conocida la buena cerveza artesanal. Para los más diurnos, teteras con algún dulce bohemio en sus casas de té es una escala que ningún viajero amante de los buenos descansos durante los paseos se perdería. Nadie debe irse de la ciudad sin visitar la bella Plaza Wenceslao, el escenario de la inolvidable Primavera de Praga de 1968.

Memorial de Terezin

A 62 kilómetros de Praga, en la ruta hacia Dresden, se encuentra el campo de concentración Nazi de la Segunda Guerra Mundial. Un recorrido lleno de emoción en el que también se pueden visitar el museo del antiguo gueto judío, la fortaleza de la prisión y el campo de concentración. Hay muchas excursiones guiadas desde Praga, con transporte, entradas, guías y comida.

Castillo de Karlstejn

Sólo hay que recorrer 32 km desde Praga para llegar a este castillo renacentista, cuya última remodelación fue en el siglo XVI. Impacta por su fachada de cuento de hadas sobre una colina. Esta obra fue contruída por orden de Carlos IV, rey de Bohemia y luego Emperador del Sacro Imperio Romano, en 1348.

Cesky Krumlov

En auto son dos horas y media para llegar desde la capital checa a este tesoro medieval, Patrimonio de la Humanidad. Se trata de una ciudad medieval que se conserva perfecta, llena de calles circulares, envuelta por un río, ondulaciones, iglesias y un espíritu cultural de otro tiempo.

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