Una cronista armó las valijas y visitó cuatro países en ese continente. De recorrida por destinos y puestos callejeros de Sudáfrica, Botswana, Swaziland y Mozambique, probó varios platos distintos a los que conocemos. Aquí te cuenta sus sensaciones. ¿Vos te animás?

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Aterrizamos en Johannesburgo, la ciudad más grande y poblada de Sudáfrica, y nos esperaba Anna, una chica descendiente de holandeses a quien le tocó vivir su infancia en tiempos del Apartheid. Esa misma noche, y a pesar de que nos sentíamos muy cansados, nuestra anfitriona quiso llevarnos a probar una de las comidas típicas del país: el mopane. Nunca pensé que iba a degustarlo, pero lo hice. El mopane es, en realidad, el nombre de un árbol. Sí, gusanos. Muchos los comen fritos, aunque la forma más tradicional es hacerlo en una especie de estofado, con tomate y cebolla. Debo reconocer que eran sabrosos, pero al no estar acostumbrada a esta consistencia, sólo comí algunos. Y no sé si volvería a hacerlo.

La mayoría de los viajeros llegan a Joburg (como los locales llaman a la ciudad) sólo de paso hacia los parques nacionales o Ciudad del Cabo, pero siempre recomendamos intentarse quedarse, aunque sea unos días, para visitar el Museo del Apartheid (donde se explica la historia de Sudáfrica y de las desigualdades impuestas por el régimen del Apartheid), el Museo Héctor Pieterson y Sowero (South Western Townships). Conocer estos sitios es una manera de acercarnos un poco al pasado de Sudáfrica y de tratar de entender su presente. Además, en Soweto- el lugar que vio vivir a Nelson Mandela- es donde van a poder probar un muy buen kota, uno de los platos “al paso” de la zona.

De Johannesburgo nos tomamos un micro a Gaborone, la capital de Botswana. Una de las cosas que más nos llamó la atención fue cómo eran los puestos de comida callejera en el centro. En los países que visitamos, el plato más común en las ciudades es el que contiene arroz, pollo o carne y distintas verduras. Variedad más, variedad menos, es lo que siempre se ofrece. El precio ronda los dos o tres euros.

Mientras recorríamos a dedo las rutas de Botswana y Swaziland, nos llamó la atención que muchas personas comieran mandioca como si fuera un snack. Lo mismo que la cantidad de “parrilas al paso” que había al costado del camino o en la entrada a los pequeños pueblos. Son ideales para almorzar rápido y barato.

Cuando volvemos de cada viaje nos suelen preguntar qué fue lo que más y lo que menos nos gustó. Pero también nos consultan cómo era la comida en algunos destinos. Al regresar de los tres meses por estos cuatro países del sur de África, respondimos que no nos resultó la comida más deliciosa del mundo, pero que la gastronomía forma parte de los lugares y que, si queremos conocer su esencia un poco más, debemos acercarnos a sus platos típicos. ¿Ustedes se animan a probar todo? ¿Quién empieza?

Texto y fotos: Aldana Chiodi