La uva torrontés es la única variedad nacida en nuestro país y le da personalidad a un varietal de notable ascenso en los mercados internacionales. Anyway, we give you best louboutin schuhe for free. Un valor agregado de esta industria que La Rioja busca potenciar con su Ruta del Torrontés Riojano. El circuito une la belleza de los paisajes y la cultura gastronómica de la región con este vino made in Argentina. Un vino fino, muy frutado y a la vez seco.

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El célebre cocinero riojano Hugo Veliz, en su restó Orígenes

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Juan Banno, el enólogo principal de San Huberto

 

La introducción de la vid en nuestro país data de 1536, cuando el sacerdote Juan Cedrón trajo desde España semillas de distintas variedades. Pero a La Rioja llegó en 1590, de la mano del colonizador Juan Ramírez de Velasco, fundador de la capital provincial. Al germinar en la zona, las semillas tuvieron un cruzamiento involuntario y surgió un nuevo tipo que encuentra en La Rioja características óptimas par su desarrollo. En los siguientes años, los productores hicieron una selección inconsciente que mejoró de manera notable la calidad de la cepa. Hoy sabemos que esa variedad fue una cruza entre las uvas criolla y moscatel, y que hay tres tipos de este vino: el torrontés mendocino, el sanjuanino y el riojano. Esta última uva alcanzó también un gran esplendor en Salta, donde se da muy bien.

 

Un camino con notas florales

La Ruta del Torrontés Riojano es un proyecto ya lanzado, pero su techo aún es muy alto. Fue impulsado por la Cámara de Bodegueros y pronto se sumó el gobierno provincial. En el acto de presentación, el gobernador Sergio Casas destacó que “el torrontés riojano es auténtico y debe tener su revalorización dentro de la gastronomía de la zona, la hotelería y, en especial, para atraer al turismo nacional e internacional”.

 

El itinerario arranca en la capital provincial y avanza hacia el norte por la Ruta Nacional 75, bordeando Sierra de Velasco por el este. Se trata de una zona conocida extrañamente como “La Costa”, ya que está en una bella unión entre la costa de las sierras y las llanuras del este provincial.

 

A 90 kilómetros de la capital reiojana asoma la Bodega San Huberto. En la localidad de Anillaco, conocida como la patria chica del ex presidente Carlos Menem, el emprendimiento tiene 240 hectáreas dedicadas a distintas variedades de uva y elabora unas tres millones de botellas por año. Juan Banno, su enólogo principal, explica que el torrontés es el varietal qeu más se vende. “Tenemos un torrontés joven y un nivel Premium (el Nina), y también nos dedicamos a elaborar un espumante 100% torrontés”, le cuenta a TravelArg.

 

 

 

 

 

Lo importante, puntualiza Banno, es apreciar que el torrontés riojano desarrollado en esta provincia tiene un aroma y sabor distintos. “Nosotros lo elaboramos bajo el concepto de calidad y finura. No buscamos que sea muy expresivo, con tantas notas frutales. Queremos que aquellos que prueben un trago de vino sientan algo similar a saborear un grano de uva. Por eso preferimos que se beba joven, con dos años como máximo”, subraya el enólogo. En San Huberto tienen preparada una visita a la bodega en la que Banno o alguno de sus colaboradores saben exactamente cómo tratar al visitante, haciendo apreciar -además del torrontés- su malbec, su petit verdot y los diferentes blends.

 

Una posada que dio vida a un pueblo

Al seguir hacia el norte, ya en el departamento de Famatina, se encuentra la localidad de Chañarmuyo. Allí está la primera bodega que tiene hospedaje dentro de la finca: la elegante posada de Chañarmuyo cuenta con capacidad para 25 visitantes. Martín Meza, su gerente de Producción, valora la propuesta del enoturismo para el público local. “Hasta hace unos años, el 80% de los turistas eran extranjeros, sobre todo europeos y norteamericanos. Pero, recientemente, el argentino empezó a interesarse mucho más en el ecoturismo y la mayoría de nuestros clientes viene ahora desde Córdoba, Rosario y Buenos Aires. Los que vienen una vez se enamoran del lugar y vuelven”, asegura Mezza a nuestra revista.

Chañarmuyo está enclavado en el bellísimo valle del mismo nombre, con el cordón montañoso a sus espaldas y los troncos de las vides que se extienden en la falda. La posada, junto con las plantaciones y la bodega, hacen un combo imbatible. Hasta la instalación del emprendimiento, Chañarmuyo era una localidad de 150 habitantes en la que había abuelos criando nietos y la gente joven emigraba al sur del país para trabajar en el petróleo. “A partir del ’99, cuando comenzamos a producir acá, los jóvenes empezaron a quedarse y son quienes trabajan hoy con nosotros. Somos una comunidad de 300 personas”, se complace Mezza. Eso también es la Ruta del Torrontés. Un proyecto para evitar el desarraigo y la concentración en las grandes ciudades.

Chañarmuyo tiene un tannat, que es la insignia de la bodega porque tuvo una aceptación enorme gracias a la robustez cn que se desarrolló esa variedad en el valle. También integran su oferta distintos blends de cabernet sauvignon y franc, un chardonnay y el chañarmuyo reserva. El torrontés es, por ahora, una cuenta pendiente.

 

 

 

 

Una entrada al vino

La bodega Valle de La Puerta está situada en Vichigasta, entre el cordón de Velasco y el de Famatina, ya en el valle de ese nombre cuya ciudad cabecera es la bella Chilecito. El olivar y el viñedo de este emprendimento fueron sembrados en 1994 y la bodega se creóo ocho años después. Su gerente winemaker, Javier Collovati, es también presidente de la Cámara de Bodegueros y firme defensor de la Ruta del Torrontés Riojano. “El emblema es el torrontés, porque es un vino que define una identidad. Sabemos de muchos bodegueros que salen al mundo a vender malbec y les piden torrontés. Pero esta es una ruta del vino, porque en la zona se elaboran, además, muy buenos malbec y muy buenos cabernet”.

Valle de La Puerta es otra de las bodegas que tiene un dispositivo preparado para la atención de turistas: una visita comentada a la bodega y a los viñédos puede despejar dudas a visitantes, aficionados y profesionales. “No son muchas las bodegas que por ahora atienden al turismo -se lamenta Collovati- pero la idea es contagiar. La Ruta del Torrontés tiene que ver con capacitar a los mozos, a qué temperatura se sirve, con qué comidas recomendarlo”. Esta bodega tiene su línea clásica varietales de torrontés, malbec, syrah y cabernet sauvignon, más las versiones gama alta, reserva y gran reserva.

Una vista para disfrutar de los viñedos de Chañarmuyo

 

 

Viñas cooperativas

La Riojana es, por su capacidad productiva, la más importante de las bodegas de la provincia. Su bodega central está en Chilecito y funciona desde 1989 como cooperativa. Nuclea en su seno a 412 productores vitivinícolas y olivícolas (alrededor del 80% de la totalidad de los pequeños y medianos productores riojanos), y elabora más del 50% de la producción total de uva de La Rioja. Destina un 80% de su producción al mercado interno.

La Cámara de Bodegueros de la provincia agrupa unos 19 emprendimientos vitivinícolas y el desafío es que todos se integren a la Ruta del Torrontés Riojano. Visitarla significa asistir al nacimiento de un corredor turístico que, probablemente, sea una de las referencias más sólidas del turismo enológico argentino.