Un raid histórico y religioso por tierra santa. Desde la milenaria Jerusalén hasta las aguas terapéuticas del mar muerto, pasando por las ruinas de masada y la galilea de Jesús, y como broche perfecto, una vuelta por la cosmopolita y moderna Tel Aviv, con sus costas maravillosas frente al mar mediterráneo.

Viajar a Israel es como degustar un bocado pequeño en el que cabe una amplia gama de sabores. Un destino para paladares exóticos y tradicionales. Una travesía que implica artistas históricas y religiosas. Urbanas y playeras.

– El síndrome de Jerusalén-

Llegar a esta ciudad implica hacer a un lado las creencias predeterminadas y dejarse llevar por siglos de historia que andan por sus vísceras para creer, aunque sea por un instante, en todo lo que vemos, oímos y sentimos. Porque aquí cada piedra es sacrosanta.

Jerusalén es sagrada como el Muro de los Lamentos para los judíos, aquel vestigio del segundo templo construido por Herodes, y destruidos por los romanos hacia el año 70 D.C. El Muro es un fragmento del viejo santuario donde creyentes y no tanto acuden para pedir deseos, depositando ese anhelo con fe ciega en trozos de papel enrollados entre los orificios de estas piedras que 20 siglos después aún están en pie.

-El mar que no es mar y que no está muerto-

Iam Ha Melaj es su nombre en hebreo. Significa Mar Salado y no Mar Muerto, como se lo conoce en español. Bañarse aquí resulta el mejor epílogo para una jornada extensa. A sus aguas se les adjudica propiedades curativas, sobre todo para la piel y enfermedades como el reuma. Magnesio, sodio, calcio y potasio son alguno de los activos que contribuyen a sus acciones terapéuticas. Los turistas se untan de pies a cabeza con el barro de sus playas, y pasan horas flotando sobre ese colchón de líquido espeso sin esfuerzo alguno. Unos entran con cerveza, otros con un libro o simplemente reposan boca arriba y dejan que las sales trabajen sobre sus cuerpos.

Sobre la costa hay centros comerciales que venden productos cosméticos elaborados con sus minerales y una buena cantidad de grandes hoteles con acceso a las playas que ofrece diversos tratamientos de salud.

También, hay una buena cantidad de bares frente al Mediterráneo para tomarse una cerveza y contemplar la fantástica vista y el ocaso de esta ciudad que no duerme.

Texto: Guido Piotrkowski