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No fue el modo mas auspicioso de saber del Morro de São Paulo. Caminaba por una de las playas de Salvador de Bahía cuando con mi compañero de aquel viaje vimos acercarse a una pareja que habíamos conocido en el vuelo desde Buenos Aires. Tenía los ojos desencajados, estaban pálidos, de mal humor y con pasos tambaleantes y torpes a causa del esfuerzo de cargar sus enormes valijas sobre la arena. “Venimos del Morro de São Paulo”, con contaron entre jadeos. Imaginé que sería un lugar de esos que, tras visitarlos, uno se pasa años preguntándose por qué no agarró aquella otra “alerta” de la empresa de los tickets de compra online… Pero ella, después de tomar una bocanada de aire exhaló: “Está re bueno…”

Resulta que, luego de más de tres horas en una lancha cáscara de nuez desde el morro a Salvador, con olas que amenazan llevársela puesta con cada ir y venir, el ánimo queda como el de la pareja mal avenida. Pero una vez repuestos, empezaron el relato de todo lo bien que lo habían pasado. Los bares en la playa y los bailes nocturnos  son tan cautivantes como los días de tragos bajo el sol o bajo una palmera. Ubiquémonos en el mapa: el Morro de São Paulo está 60 kilómetros al sur de San Salvador, la capital del estado de Bahía. Es parte de un archipiélago de Tinharé, que tiene conexión vial con el continente. Por eso, nuestra pareja podrían bien haberse evitado la ingesta de dramamine con un servicio de buses o taxis que los llevara hasta la ciudad de Pelourinho, aquel barrio inmortalizado por Jorge Amado.