Casabindo

En general, los habitantes de Casabindo -un pequeño pueblito en el Altiplano, a 146 km de Purmamarca- comparten sus tareas diarias: crían ovejas y tejen mantas y ponchos de lana. Un día cualquiera, en la aldea contruida a 3.400 metros de altura y rodeada por un anillo de cerros morados, se oye el chiflido del viento en un silencio de ultratumba. Los 200 habitantes del pueblo fundado por los españoles en 1535, apenas ocuparían la mitad d elos bancos en la voluminosa iglesia de la Asunción -conocida como La Catedral de la Puna- que precede una plaza de toros.

 

El baile del torito

Cada 15 de agosto se celebra allí la Asunción de la Santísima Virgen. Nadie que no sea del pago podría imaginar la calma chicha de los días normales. Las calles ceden su tierra a una procesión rocambolesca. Un mar de cabezas acompaña la imagen de la Virgen, que es llevada en andas mientras alrededor percuten bombos y resuenan trompetas. La romería es precedida por el “baile del torito”, donde un hombre con máscara de toro (que representa al Diablo) es acosado por otros dos disfrazados de caballo.

Los “samilantes”, adoradores de la Virgen, realizan la Danza de los Suris, sacudiendo sus vestidos adornados con plumas de ñandú (en Casabindo le dicen suri). Después del mediodía, en la Plaza de Toros Pedro Quipildor comienza el último evento de la fiesta. Se trata del Toreo de la Vincha, un singular espectáculo taurino donde el toro nunca sale lastimado y los toreros no lo son de profesión. La gracia está en arrebatarle al animal una vincha con monedas de plata que lleva entre los cuernos. El torero victorioso ofrendará el trofeo a la Virgen de la Asunción por favores pedidos o concedidos.

 

La suerte del torero

A las dos en punto sale el primer joven al ruedo y se para frente al toro. De repente, el animal emite un bramido estrepitoso, y del susto el joven pega un salto olímpico que lo posiciona en lo alto de un poste en el centro de la plaza. Todos ríen y él también, a pesar de haberse quedado sin la vincha. A lo largo de la tarde, hay toreros más y menos afortunados. Algunos animales, de tan mansos, se dejan quitar la vincha como si fueran mascotas.

 

Fin de fiesta

A las seis de la tarde termina la fiesta. El día después, Casabindo volverá a ser un pueblo de la Puna con 200 habitantes que crían ovejas, tejen y van a la iglesia.

 

Nota completa en la edición Otoño 2017 de TravelArg.