El diez estaba en conflicto con el Napoli, en su club de entonces, y se había negado a viajar a Rusia con el equipo para jugar frente al Spartak de Moscú por la Copa de Europa (actual Champions League). Sin embargo, Diego recapacitó después de quedarse solo con su familia y allegados en Italia, por lo que decidió ir por su cuenta para disputar el partido.

En Rusia no se acuerdan tanto de la derrota del Napoli por penales. Tampoco que Diego jugó sólo 27 minutos a bajo nivel. Lo que nadie olvida, sobre todo los militares que lo vieron bajar de un taxi en ojotas, con un abrigo de piel, y pararse con el pecho henchido sobre los adoquines de la legendaria Plaza Roja, es que luego de haber sido apuntado por una decena de ametralladoras, les hizo deponer las armas a los oficiales con una sonrisa y se sacó una foto con cada uno de ellos. “¡¡¡Maradona, cpasiva (gracias)!!!” exclamaban felices. Tan dichosos se sentían los soldados que un militar le regaló a Diego el gorro que tiene puesto en las fotos del diario del día siguiente.